sábado, 7 de agosto de 2010

Gobierno, cultura y abandono

SÁBADO, AGOSTO 07, 2010
Estamos casi por cumplir casi 30 años de que Miguel de la Madrid llegó al poder envuelto en el llamado a la renovación moral para lidiar con la crisis económica dejada por López Portillo. Fue el punto de inflexión donde el PRI optaba por la modernidad y abandonaba todo resto de su vocación social original que, corporativa y todo, durante los años 50 y 60 había formado una muy amplia clase media con acceso a educación pública de calidad, seguridad médica y perspectivas verosímiles de vivienda popular propia. Margaret Tatcher y Ronald Reagan ya gobernaban y el mundo entraba galopante al neoliberalismo. En 10 años más se firmarían los protocolos de Washington.
Desde entonces, los gobiernos mexicanos se han dedicado a instrumentar reformas económicas y a desmantelar al Estado. Luego, el ejido podría también privatizarse. Se argumentaba que primero había que generar riqueza para que hubiera riqueza que repartir. El resultado, lo sabemos, es que terminó por concentrarse en cada vez menos manos. Junto con esa visión del mundo que tan frecuentemente parece religión vino el abandono también de lo que hace a una sociedad algo sólido frente al resto del mundo: la cultura, la identidad cultural. Desde entonces, los gobiernos son cada vez más remisos y renuentes a gastar en ello, basta ver el bajísimo perfil que ha tomado a lo largo de lo que va del año la celebración del Bicentenario, aunque habría que preguntarse con sinceridad si hay ánimo y motivos para celebrar. El hecho es que, además de las otras muchas áreas abandonadas por el Estado –la educación superior, la salud– para “incentivar” las empresas que lo sustituyan, se abandona también el patrocinio, la recreación y creación de la expresión cultural. Toda expresión cultural.

El Estado en manos de esos y estos gobernantes simplemente se retira de sus obligaciones de preservación, recreación y aliento de la cultura. Cuando el año pasado de elecciones federales el PAN presentaba su plataforma para la cultura, destinaba apenas un párrafo de no más de cinco líneas al tema. El párrafo se limitaba a proponer una ley de fomento al patrimonio histórico, artístico y cultural, cualquier cosa que eso significara.

Con esa forma de valorar la cultura se permite y alienta un número de consecuencias harto indeseadas y peligrosas; es parte importante de las diversas dinámicas que abundan en la disolución social, el ascenso de la anticultura de la informalidad y el crimen como opción de vida.

Abandonar la educación y la generación de cultura como compulsión del Estado a favor de que cualquier privado aproveche el nicho de mercado es mucho más que mera irresponsabilidad; atenta contra la viabilidad misma del futuro de la sociedad, pues no hay sociedad viable sin sentido de cohesión y eso tiene su base en dos factores: identidad y construcción de acuerdos básicos comunes. Ésos son posibles sólo con una cultura viva y muy activa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario